MAGIA

Además de las motos, soy aficionado a la magia.

De siempre había querido hacer algunos trucos, más que nada para destacar en las fiestas… Ya una vez estuve a punto de entrar en una tienda de espectáculos.  Llegué hasta las puertas, pero la vi cutre. No había nadie en el mostrador de madera viejo. Desde los cristales se veía el interior muy ajado. Si hubiera habido más clientes y el   dependiente ocupado, yo hubiera tenido tiempo de mirar el interior. Pero estaba vacía,así que me habría visto en el compromiso de comprar algo. Dado que no tengo esa facilidad innata que tienen algunas  mujeres de entrar en una tienda, revolverlo todo, acribillar al dependiente,para,finalmente,no comprar nada,decidí no entrar.

Años más tarde estaba en Japón y paseando por una calle vi una tienda de “todo a 100 yenes”  Entré por curiosear.  En una de las esquinas había un stand vertical con unas cajitas de colorines. Eran trucos de magia para niños.  Su precio era irrisorio, unas 130 ptas cada uno.  Así que compré un par. Uno de ellos era una chorrada y el otro, bueno pues también era para niños. El caso es que volví a pasarme  y me llevé varios más. De cada cinco de esos truquitos, uno,  se podía hacer a adultos, su ejecución era siempre sencilla.

Las instrucciones eran como las viñetas de los tebeos con dibujos, aunque estaban expresados en japonés. Cuando podía, pedía a amistades que me los explicasen. La verdad es que nos reíamos mucho. Ellos también sentían curiosidad en saber dónde estaba el “secreto”.

La primera vez que uno intenta hacer un truco en sociedad se tiene el miedo escénico de  hacer el ridículo.  Bueno en realidad se tiene siempre pero la primera vez más aun. Al principio no me atrevía por temor al fracaso.  La primera vez que me atreví a hacer uno en público, fue en casa de unos amigos que nos invitaron a cenar. Tenían una hija de 4 años. Con la cosa de que era un truco para “niños” no haría el ridículo si los “adultos” me veían la trampa.  Saqué unas cartas trucadas y se lo hice.  La niña no se enteró de mucho pero sus padres que miraban de reojo exclamaron el típico ohhhh!!! japonés.  Animado por mi primera victoria se lo repetí a los adultos. Con las manos temblando los guardé y no quise sacar alguno más que llevaba no fuera que la cagase al final.

Por cierto la magia no es fácil. Hay que practicar muchísimo. En realidad hay dos tipos de trucos en micromagia (la que no es de grande espectáculos). El primero se basa material trucado (cartas, pañuelos o lo que sea) por lo que su realización es relativamente sencilla. El segundo tipo se basa en la práctica y habilidad del mago. Al no existir trucaje (por ejemplo con barajas normales)  es a consta de practicar hasta la extenuación.

Yo quería sorprender al respetable público de forma facilona así que siempre he tirado de los amañados. Recuerdo que las instrucciones siempre decían:

1) Práctica hasta darte un sobresaliente a ti mismo.

2) Haz el truco una sola vez. A la segunda te cazarán.

3) Nunca digas el secreto.

Cuando haga el viaje me llevaré unos cuantos.  Puede que me libre de alguna multa o soborno si le caigo simpático al borrico de turno.

Aquí va un vídeo, está dedicado a mis amigos de Tombrigde Wells (UK)

JAPON y LA MULTA:

Por cierto, hablando de Japón, y ya que es una página motera, contaré una experiencia: el récord de multa de tráfico lo tengo yo. En euros, unos 3000 más o menos.  Para entender como se las gastan allí con el ordenamiento vial,contaré primero una conversación que tuve: una noche bebiéndome una cervecita en un bar en Nara (Japón),  mi colega Kensuke me preguntó que en qué había venido. Le contesté que en coche,  el semblante de su cara cambió como si no pudiera dar crédito a lo que oía. ¿En coche? ¡¡¡Pero si te estás bebiendo una cerveza!!! me contestó.

Es la sociedad japonesa así de legal.  Tienen la tasa de delitos más baja del mundo. Su oficina de objetos perdidos es orgullo nacional. Nadie pone candados a los cascos moteros y las tiendas de ropa dejan su género en la calle sin vigilancia. Hasta en los supermercados se deja probar todos  los productos troceados en una bandejita con palillitos sin vigilancia.  ¿Os imagináis un platito de jamón en un supermercado español sin que nadie lo vigile?

Ocurrió que iba para Hiroshima un domingo a ver el Museo de la Paz, donde se conmemora lo de la bomba atómica. La familia donde me alojaba me había dejado el coche, uno grande y automático.  Conduciendo sintiéndome todopoderoso con aquella máquina por la autopista a 190 km/h me saltan los flashes de frente.

A los pocos días llegó por FAX la cartita (todas las casas lo tienen incorporado al teléfono) Ni acuse de recibo ni na de na. El problema es que estaba a nombre del dueño del vehículo, o sea “mi padre de acomodación”. El pobre hombre me miraba con cara de querer asesinarme como si yo fuera un violador en serie. Allí el límite en autopistas es 100km/h. En España, en el 2003 todavía no había los radares que hay ahora. El que menos aquí conducía a 150 km/h. Vamos que debí cometer un delito muy gordo y se lo imputaban a él. Encima de que me había dejado el coche, pobrecillo…

A lo que iba:  allí todo Dios paga la multa sin rechistar. Yo no estaba para gastarme medio millón de pesetas. Pero tampoco era plan de dejarle el regalito al pobre hombre. Así que escribí una carta en inglés y un amigo me la tradujo al japonés. La llevé a la comisaría junto con mi pasaporte. En ella decía que era yo el que conducía y que me regresaba ya a España y que lo que fuese que me lo enviasen. Esto se lo mostré a “mi padre” para que se quedase tranquilo.

Pero no se quedó tranquilo precisamente. Allí todo el mundo paga sin rechistar y eso de recurrir las multas no se estila. Con los que pude hablar nadie jamás había recurrido nada. Los que las tenían habían pagado y punto.  Así que el buen hombre en lugar de  calmarse parecía cada vez más enfurecido. No entendía que esto en Europa se recurre. Pensaría algo como: “el hijo puta este europeo que me va a dejar el marrón con tanta cartita y tanto hacerse el remolón, ¡Paga ya so cabrón!“. Desconozco si la legislación nipona lo permite.  Hasta llamó él personalmente y le confirmaron que la foto de frente se apreciaban los ojos que no eran asiáticos. Eso debió salvarme. Me decían que llegaría la decisión en una semana como muy tarde.  El caso es que pasaron las semanas y nada más llegó.  Antes de regresarme le insistí al pobre hombre todo angustiado, que si aun llegaba algo que me lo dijese que yo pagaría aun en Europa. Lo cual pensaba hacer sinceramente. El día que me me fui tuve miedo que me parasen en el aeropuerto, ya que está todo informatizado. Pero no pasó nada.

2 comentarios

2 pensamientos en “MAGIA

  1. Anónimo

    La Vida es Magia, lo crean o no, todo tiene cual barita màgica y te sorprende….las fotos dan ganas de meterse dentro de ellas y no salir, bellísimas….nunca he ñontado en moto pero seguro que es una experiencia Màgica.-

    《Manpal Kaur》

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