PICOS de EUROPA

plano general copiaQuería darme una vueltecita por el norte. Como no he resuelto el tema de las maletas y no quería ir sufriendo por si los picoletos sacan un metro y me las miden, lo metí todo como pude en la mochila. Mi idea era llegar a un pueblo llamado Caín donde empieza andando la ruta del río Cares. O sea un sendero en mitad de un cañón fluvial. Había reservado una camita de albergue. Ya que Asturias es pequeña pensaba que llegando a Oviedo sería fácil encontrar el pueblo. Craso error.

Esta localidad no aparece en el GPS ni en casi ningún mapa que no sea específico asturiano. Se encuentra entre Cangas de Onís y Riaño que ya es leonés. No está indicado en absolutamente ningún sitio. Si se viene desde Oviedo hay que bajar hasta León para luego subir otra vez por una carreterita de montaña. Además hay otra población llamada Riaño que acabó de confundirme. Tras cuatro horas hasta Oviedo y cinco más perdido por Asturias, eran las once de la noche cuando pregunté en la policía de Cangas. Me dijeron que aún me quedaba hora y media. Exhausto, desesperado y enfadado por perder el dinero de la cama decidí no gastar más. Así dispuse poner la tienda en el primer camino que saliese al borde. Tal lo hice.

moto sendaAquella pista de cemento, pronto fue de tierra, luego se estrechó hasta que me metí en una angosta senda para personas con un muro de piedra a mi izquierda y la propia montaña que subía a mi derecha. Estaba muy cansado y no medí bien las circunstancias. Apareció el barro en una bajada y unas piedras imposibles de atravesar. No podía avanzar, ya tuve mala experiencia en el Sahara con la arena y sabía que si la metía allí no saldría. Me creo que tengo una moto de cros y ya me he llevado varios escarmientos. Es una trail y no se puede meter por donde no pueda un coche, mal que me pese. Era muy muy noche. Tenía que darme la vuelta, había ido demasiado lejos. Con el motor parado y la luz al frente me di cuenta del aprieto en el que estaba: en el silencio y la soledad oscura observé que no había espacio para darle la vuelta. La pared y la propia montaña impedían poder girarla. La moto no tiene marcha atrás por lo debería empujarla a pulso. Serían quince metros de retirada hasta un pequeño ensanche donde voltear el morro. Quité los trastos para que pesara menos y la empujé hacia atrás. Mover doscientos quilos en equilibrio para que no se caiga al tiempo que sujetar el manillar para guiarla no es tarea fácil para un hombre. Tuve que allanar el camino quitando piedras gruesas que me obligaban a titánicos esfuerzos cada una. Se me tumbó dos veces teniendo que hacer fuerza sobrehumana para levantarla. A la tercer vez que se me fue de lado le rompí el espejo derecho contra un roca saliente. Pude volver a enderezarla y moverla diez metros hacia atrás. Pero ya no con la cuestecita. En un intento desesperado me hice daño en la espalda y no pude empujar ya más. Solo quedaban cinco metros hasta la escueta pero suficiente amplitud para hincar la rueda al borde y así girarla, pero era inalcanzable. Estaba derrotado tendría que suplicar ayuda.

Puse la tienda a tientas en una parcela al otro lado del muro evitando doblar la espalda y allí me agazapé con un fuerte dolor en el costado. Me había lastimado en las lumbares y cada vez me laceraba más.Por la mañana buscaría socorro. Necesitaba un par de tíos que la empujaran esos cinco metros cuesta arriba y hacia atrás. No podía llamar al seguro pues envían un camioncito con plataforma para motos que por demás tampoco podría llegar por lo estrecho. Si avisaba a los bomberos a lo mejor me cobraban por ser una imprudencia estúpida y si lo hacía a la policía puede que me multasen por meterme en una senda campestre. ¡El tonto lavas de mí!

La preocupación no me dejó dormir, ni el dolor tampoco. El trino de pájaros al alba me indicó que se hacía de día. Lo guardé todo como pude y recorrí andando el camino hasta la carretera en busca de ayuda. Necesitaba un par de tíos fuertes. Estaba avergonzado por ser yo mismo el causante de tamaña estupidez y me fastidiaba tener que dar explicaciones. Llegué a una casa donde un hombre mayor y otro joven con pinta de campesinos asturianos de esos de los anuncios de la leche. Se sorprendieron al verme con la cara desencajada. Le expliqué el caso y tuvieron la amabilidad de ofrecerse a tirar. Todos juntos llegamos es su viejo coche. Cada uno agarró a sendos lados por el soporte de las maletas y yo desde el morro dirigía el manillar al tiempo que empujaba el faro con el pecho. Superamos los cinco metros de subida fácilmente y la encaramos en la justa amplitud de la senda hacia la salida. Les regalé una botella de vino que no querían aceptar.

El vaivén de la amortiguación acabó de triturarme lo región lumbar. Llegué Riaño e imploré por una farmacia. Pedí lo más fuerte sin receta. Me vendieron Voltaren 50. Ya no podía andar sin que se me saltaran las lágrimas de dolor. El frio, la falta de sueño, de comida y el dolor estaban acabando conmigo. Me metí en un bar y cuando el calmante hizo su función pregunté por un albergue más cercano. Allí que me fui.

Era martes de Semana Santa pero estaba vacío. Me tumbé en la cama con la intención de no moverme en dos días. La mujer que lo entendía vivía en una casita asidua. Me vio tan mal que tuvo la amabilidad de traerme una sopita calentita de su propio puchero. Gesto amable que recordaré siempre.

Las vistas eran espectaculares. Las montañas lucían nevadas en sus cumbres, sus faldas grises de roca viva, y los pies de verdes laderas. Ello se reflejaban en el agua cristalina y mansa. Allí estarán ellas cuando todos nosotros seamos polvo. Aquella noche llovió. Las gotas golpeaban el tejado en mi soledad dentro de la inmensidad de la naturaleza salvaje. Me acurruqué en mi saco y dormí como un niño.

Cuando estuve mejor me di una vuelta en canoa e hice las fotos de más abajo. No es por que las haya hecho yo, pero me parecen muy buenas fotos.

Luego puse rumbo a Galicia. Paré en una calita solitaria de imposible acceso para comerme mi menú adelgazante que uso cuando viajo pues aprovecho que ya no estoy entre el sofá, a medio camino entre la cama y la nevera. O sea una manzana. Cuando llegué abajó resultó que era una playa nudista gay. Había unos cuantos tíos pitoflácidos ociosos tumbados a la bartola, la mayoría en pareja y ninguna mujer presente. Bajaba con el mochilón y el equipo de motero puesto. Todas las miradas se dirigían a mí. Todos ellos tan desnudos y yo tan tapado. Empecé a sentirme incómodo. Por respeto debería haberme quitado la ropa. No quieren mirones que no se impliquen igual. Pero no era plan de tener que ponérmela diez minutos después. Así que me comí mi manzana y me vine por donde había venido lo antes posible.

Se sucedieron los prados verdes de hierba alta con vacas ociosas combinados con el horizonte del mar. Profundos valles salvados por mega puentes que me hacían volar. En sus laderas casitas aisladas de techos en pizarra.

En semana santa había conseguido una habitación doble con baño en el mismo centro de A Coruña por sólo 35 euros. Un regalo. La crisis está haciendo estragos. El mal tiempo también. El conserje gallego se quejaba de lo mismo que la mujer leonesa. Los noticieros había indicado lluvias por el norte. Ambos hosteleros fueron más allá avalando una conspiración “judío masónica” en la que el Gobierno obliga a los telediarios a indicar chubascos cántabros para que los domingueros se lo dejen en Andalucía y Levante. Perece que a los del norte no les gustan demasiado los sureños…

Y no hay mucho más que contar.

Las fotos son de una calidad extraordinaria, pincha en ellas para verlas a pantalla copleta.

silueta copia reflejo nivelado copia puente lejano copia plano general copia peñon copia P1050706 P1050598 P1050297 P1050293 P1050268 copia P1050255 copia P1050246 P1050236 mucha tierra copia moto senda linea fina copia lasmedulascopia las medulas copia lago estrecho copia lago atardecer copia lago alto copia isla copia IMG_9255

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Un pensamiento en “PICOS de EUROPA

  1. Antonio

    Son experiencias que jamás olvidarás y nutre cualquier viaje…Estoy seguro que más que tu espalda lo que más te dolió fué no poder compartir con alguien esas imagenes que seguro se quedaron grabadas en tus retinas… Adelante eres mi heroe. Nosotros tambien intentamos emularte”digo nosotros por que siempre voy acompañado de mi mujer”, aunque nuestros viajes no son tan salvajes,tambien disponemos de tienda y sacos de dormir,,,sin obviar cualquier posibilidad de pernoctar con una manta de estrellas.
    Saludos desde el sur del sur…

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