Más alquileres fermosos…

índiceLo que ha pasado con mi vida ha sido que he tenido un inquilino moroso pakistaní desde agosto. Mientras tenga algo que no funcione bien, me reconcomo y se me quitan las ganas de fiesta y viajes. Aunque parezca un loco bohemio feliz, que vive el presente, en realidad soy muy prudente y consecuente con mis actos. Mis fuentes de ingresos son sagradas y pobre de aquel que intente hacerme la pirula…

El desahucio ha sido en noviembre. Aquella mañana fría y desangelada esperaba en la calle frente al portal la llegada de la comisión judicial que procedería al lanzamiento. Mis piernas algo trémulas y mariposas en el estómago me hacían recordar que podría ser una mañana difícil.   Subimos  llaves en mano sin saber qué me encontraría allí dentro. Abrí y entré yo primero. Nos topamos un piso vacío de humanos pero tan asqueroso que parecía haber vivido alguien con síndrome de Diógenes. La esposa del pakistaní, debió pensar que la roña  hay que quitarla empujando con el trapo hasta el hueco que queda entre el mármol y la nevera. Cuando la montaña de restos de kebab y cus-cus llegó hasta la altura del mármol esta empezó a venirse hacia afuera. Allí germinó una plantación de patatas y arroz. A su deleite acudieron escuadrones de hormigas y cucarachas.

Nunca le dieron al botoncito de la campana extractora en los dos años que estuvieron. Debieron pensar que estaba de adorno. De modo que las partículas de grasa flotante de fritangas pululaba por el aire hasta pegarse capa tras capa a las paredes. Estas resbalaron en gruesos churretones camino del suelo pero endureciéndose antes de llegar. La del techo simplemente goteaba formando estalactitas. Allí algunas cucarachas quedaron atrapadas en aquel pegamento de colesterol. Vivas algunas todavía moviendo sus antenitas como suplicando que las rociase con polvos y acabar así con su lenta agonía. Las demás se escurrieron en cuanto encendimos la luz de la cocina. El reguero de hormigas siguió a lo suyo sin inmutarse. Abrí la nevera, un pútrido hedor golpeó nuestras pituitarias, algunas frutas desinfladas cubiertas de un polvo verde y pelillos blancos. Las paredes habían sido colonizadas por moho.

La secretaria del juzgado con gesto de asco y horror sacó un boli y empezó a escribir en el acta. Noté su mirada de reojo y adiviné el pensamiento hacia mí: ¿cómo es posible que este tío quiera sacar rendimiento de tal tugurio apocalíptico y patógeno? Aquelarre de la guarrada, oda a la mierda, sinfonía de heces. Pisamos aquel suelo para alcanzar el salón procurando que no se nos quedasen los zapatos atrás.

Montañas de papeles, ropa por el suelo, ketchup derramado y reseco, propaganda del supermercado, libros de los niños. Aquellos dos hijos pequeños no hablaban español. Alguna vez que los vi solo lo hacían en pakistaní y no me entendieron. Los libros de texto por los suelos tirados eran para aprender a leer y escribir en catalán. Locura institucional sin freno camino del analfabetismo proletario, gazpacho autonómico vomitivo para mareo del contribuyente, mezcolanza híbrida entre el “te robo” y “te engaño” pero aguanta porque eres un emigrante ya vengas de la India o Extremadura. Estás en Cataluña, así que te jodes y pasas por el aro que para eso mando yo en esta región. Ya le echaremos las culpas a los de Madrid.

En zigzag avancé como pude hasta el baño.Descubrí un excelente ecosistema de insalubres bacterias, paramecios excrementicios y viperinos bacilos. El paki y su familia habían desterrado sus morrallas fecales, pétreas o acuosas, tanto en el inodoro como en la bañera. Hediondos detritos intestinales y renales yacían en los rincones colonizando su flora. No creo que sirviese para un anuncio de Porcelanosa…

Las del juzgado se fueron prestas tal como de una leprosería sin vigilancia, para preservar su salud mental, no fuese que sus ropas de marca quedaran impregnadas  de la ponzoñosa bruma.

Allí me quedé solo sin saber por dónde empezar. Llamé al seguro para que el perito constatase el lastimoso estercolero antaño un hogar y soltasen algunos euros tardíos. Luego a una mujer sudamericana ñapanga para que limpiase. Ella se quedó horrorizada al entrar. Tras siete horas empleadas sólo en la cocina (a diez euros la hora) y tres botes de KH-7 afloró su verdadero color. Yo le arrimaba los cubos de agua limpia y se los apartaba negra. Cuando acabó se sinceró y me dijo que tuvo miedo al entrar aquella mañana porque se vio sola dentro conmigo, o sea con un hombre en un inmueble que más bien era el hábitat de un psicópata sádico y depravado.

La encimera de gas tuve que tirarla pues los fogones estaban tan atascados y ni metiendo un hilo de cobre por la espita pude limpiarlos. Puse vitrocerámica. El electricista cuando cambiaba el chisme de la potencia se percató de que el contador estaba trucado. Tenía el típico agujerito por donde se mete una varilla y se detiene la rueda. Empecé a cagarme en todos los muertos del pakistaní y me largué presto a la comisaría.

El policía “mosso” con barba ya crecida tras muchas horas de guardia que estaba a la entrada me preguntó a que iba:

– Vengo a poner una denuncia porque me han trucado el contador.

-Esto no es aquí tiene que ir a la FECSA.

-Ya se que tengo que avisar a la compañía, pero quiero poner un denuncia.

-Es que no es aquí porque eso no se denuncia.- respondió.

-Disculpe pero no es la primera vez que me ocurre, tengo varios pisos alquilados ya he hecho esto otras veces y nunca me han puesto pegas. Con la denuncia me voy luego a FECSA.- insistí.

-Pero el contador ¿es suyo?

-No, no es mío, es de FECSA. El titular es el inquilino. Mío es el piso en el que está.- respondí.

-Luego si no es suyo, ni es el titular, usted no tiene responsabilidad. Si algo está mal tendrá que ir a FECSA.

Ahí  ya empezó a tocarme los cojones y le respondí al uniformado:

– Mire he constatado un hecho delictivo y vengo a dar conocimiento de él simplemente. ¿Qué coño importa de quién sea el puto contador?

Para entonces ya había salido el sargento de guardia alertado por mi expeditiva plática a pulmón abierto. Le expliqué lo mismo a él y con gesto pensativo dijo:

-Mmmmm…  está bien, pase, pase, es muy libre usted de denunciar lo que quiera…

Dentro me atendieron dos mujeres policías, una en la treintena tirando a buenorra, y la otra una cría de veintipocos bastante feíta. Ambas metidas a policías aprovechando que hay que llenar el cupo de coños que todo cuerpo funcionario tiene que tener, dejando en consecuencia, a hombres más preparados fuera.  Las muchachas estuvieron correctas y salí de allí con mi denuncia camino de FECSA.

Mil euros me ha costado dejar el piso en condiciones para volver a alquilarlo. No contentos con pagar IBI, comunidad, Hacienda y desperfectos, más seguros de hogar y contra impagos, ahora se han sacado lo de la cédula de habitabilidad y el certificado energético, lo que han sido ciento ochenta euros más. ¡Y luego se sorprenden de que los propietarios tienen los pisos vacios en lugar de alquilarlos!

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Categorías: Uncategorized | 5 comentarios

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5 pensamientos en “Más alquileres fermosos…

  1. Ha sido un placer visitar tu blog. Tengo idea de hacer un viaje al Sáhara Occidental en moto y quería saber si es seguro bajar en moto. Gracias

    • Hola, siento no haber respondido antes. Si vas por la carretera no hay peligro ninguno. Nadie te va a secuestrar. En cuanto a accidentes o averías, cada cinco minuntos pasa un vehículo que de buen grado te sacarán del apuro. Vigila los baches. Ahora bien, si te metes tú solito en el desierto por pistas poco transitadas, una simple caída puede ser mortal. Lleva siempre agua de sobra, nunca bebas la del grifo.
      Cualquier otra pregunta no dudes en preguntar, para eso estamos!!!
      Saludos,

    • Los riesgos los pone cada uno. Si vas por la carretera mirando el asfalto, no tendrás problemas. Pero si te metes por pistas solitarias haciendo el burro…. Saludos!

  2. ignacio borràs

    Por surte cada vez mas se esta “protegiendo” al propietario. Igualmente hay que tener el seguro ya que, puede entrarte un español con todo correcto y una buena nomina pero luego…..sorpresa.

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