Sahara. Crónica 6ª. La avería.

129 copiaPor el Atlas recorrí carreteras secundarias sin rumbo fijo. Puertos montañosos sin más compañía que algunas cabras faltas de amo. Llevaba dos semanas de viaje y había dormido en el desierto la noche anterior. Me sentía pionero. Conquistador. Yo solo con mi máquina errando entre cordilleras agrestes. El desierto dejó de ser tierra roja para convertirse en arena blanca. La temperatura rozaba los cuarenta. A veces estiraba las piernas poniéndome de pie sobre las estriberas. Me sentía como en la proa del Titanic. Dándome el aire en todo el cuerpo. En ese éxtasis triunfador,  la moto  se quedo sin corriente…

El motor se paró. Andó por la inercia gracias al embrague sujetado. Aceleré el puño y dio un tirón que la hizo abanzar  unos metros. El motor dijo no otra vez, di otro acelerón y volvió a funcionar.   Hasta que se paró definitivamente. Hacía horas que no pasaba un vehículo. El viento mecía remolinos de arena que bailaban fantasmagóricos en la carretera. A pesar del calor tuve que bajar la visera para que no se me dañaseen los ojos. Allí solo. Tenía un litro de agua y quesitos. Cualquier gesto era un esfuerzo. Trate de mantener la calma. Tarde o temprano alguien pasaría a ayudar.

-Por Dios que arranque y que pueda llegar al siguiente pueblo- rogué.

042Faltaban veinte quilómetros hasta Tata. Puede que allí hubiese un chapuzas que la mirase. Pero si era eléctrico no podrían arreglarlo. Ya las hacen para que tengas que hocicar en el oficial de BMW. Solo tenía 26000 km, y me acababa de dar el primer problema y susto.

Detenido bajo el sol cruel, empecé a sudar mientras los sesos se me reblandecían dentro del caso. Qué poco importaba ahora los problemas cotidianos. Qué insignificante la caza de ballenas o si Jesulín visitaba a Andreita. O el hambre en el tercer mundo. Solo quería llegar a Tata.

Le di al estárter y no arrancó. La batería se descargaría en varios intentos. Tampoco al segundo. Al tercero sí. Qué alivio. Llegué a trompicones al pueblo.  Llamar desde el móvil eran casi dos euros el minuto. Entre que se dan los datos y se explica lo ocurrido, más la vocecita que te dice que puede ser grabado más la otra vocecita de no se qué, pasarían al menos diez. Busqué un fijo pero no tenía monedas suficientes. Luego un ciber con ordenadores sacados de algún vertedero europeo y revendidos, que no podía ni descargarse Skype. Encontré un hotel con wifi por 200 dh. Por esos mismos veinte euros tenía cama, baño y desayuno. Necesitaba internet para la grúa, que sería avisada por Skype.

Esta acudiría desde Agadir a casi trescientos kilómetros.  No vendrían hoy. Por la tarde probé la moto y anduve un rato por el pueblo sin que me diese problemas. A la mañana siguiente seguía yendo bien. Como que la grúa no había salido todavía anulé el servicio y decidí continuar, arriesgándome a quedarme tirado. Tras pararse a 60 km de Tata ya no se detuvo más. Ahora que estribo esto ha recorrido los siguientes mil kilómetros y sigue cumplidora.

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