Sahara: Crónica 3ª La casa de Ali.

001En un lugar de Marruecos de cuyo nombre no quiero acordarme vivía Ali. Paré para preguntar por un ciber y me topé con él. Era bajito con incipiente barriga, calaba gorra para ocultar su calvicie. Desastrado, como todos los marroquíes. En la treintena. Servicial con el motero y sonrisa perpetua. Se le notaba súper feliz, muy alegre. Tenía un puestecito callejero de comida donde se ganaba la vida sirviendo solo tres tipos de platos. Se ofreció a cuidarme la moto y cuando regresé quiso conocerme mejor. La noche anterior la había pasado en la tienda de camping por lo que necesitaba una ducha urgente. Le pregunté por un hotel y me dijo que podía quedarme en su casa, con su familia. Era lo que andaba buscando…

-¿Cuanto?-no quería aprovecharme.

-Lo que quieras pagarme-contestó.

-No, no. Di tu el precio, no quiero que sea gratis.

-¿Qué tal 150 dh? (15 €)

-Vale- acepté porque es lo que me costaría un hotelito.

-Yo cierro a las ocho, si te esperas nos vamos juntos.

Su mujer andaba 006dentro del puestecillo con sus dos hijos gemelos de dos años. Estos eran el motivo de la dicha de Ali. La esposa portaba un velo que le cubría los cabellos. Lucía una chilaba amarilla reluciente. Ali me pidió que me sentara en una mesita junto a dos parientes suyos árabes de edad avanzada. Luego apareció un amigo también mayor. Más tarde se sentaron más conocidos atraídos por mi indumentaria.

Su casa tenía un bonito salón. Adoquinado en azul con techos ornamentados con motivos arábigos. Rodeaban todas las paredes un017 sofá larguísimo con cojines, limpios y nuevos. Moquetas cubrían el suelo. Ellos dormían en una habitación ventilada junto a una cuna de madera donde ponían a sus hijos. Tras la buena impresión inicial lo demás fue a peor. La cocina tirando a cutre y el baño una pena. Se componía de la ducha en la que el agua desahoga por donde está el agujero. Y cuando digo agujero no es el de la ducha sino el “otro” agujero. No usan papel higiénico. Su vez es un cubito colgado de un grifo a ras del suelo. Donde se limpian la mano tras quitarse las heces. No vi ninguna habitación para mí. Así que no sabía donde pensaba meterme.

Su mujer se había quitado el chilaba y andaba en pijama pero con velo. Yo no es que sea el colmo de la finura pero recibir gente así no es lo que se lleva. Para cenar espaguetis. Manjar no exacto típico marroquí pero era lo que tenían pensado.

Ali se deshacía en atenciones. Muy interesado en que me sintiera a gusto en su casa. Me ofreció te con menta, (en realidad hojitas de hierba buena). Tres vasos me bebí. Me decía que era su invitado y que le pidiese lo que sea. Yo me sentía un poco incomodo porque eso de “invitado” era relativo. Me iba a sacar 15 euros por un plato de pasta y dormir en el sofá.

019 copiaMi anfritrión se empeñó en que metiese las tres maletas aun estando la moto en la zona vecinal cerrada. No tranquilo quiso que la metiese en el pasillo de su propia casa, pero el manillar es demasiado ancho.

También había una niña de cinco años. Arrastraba una leve cojera y cierto retraso mental. Era la vecina que sus padres tenían una fiesta y se la habían dejado.

Me insistió en que me duchara. La mujer sirvió la pasta y puso una fuente de arroz frío para compartir. Su francés era perfecto. No había bebida. La salsa picaba lo suyo. No le quería pedir agua porque me la traería del grifo. Tampoco era plan de buscar en mis maletas la botella que llevaba. Así que me los pasé como pude. Tampoco postre.

La madre acomodó sus retoños en sillas de plástico de las terrazas de bares con los mismos abriguitos de salir a pasear. Los niños se ponían perdidos de salsa y espaguetis colgando. Los cogían con las manos. Algunos caían dentro de sus ropas. Los churretones corrían hacia abajo en dirección a la alfombra. Ella no hacía el amago de limpiarlos. La tele antigua daba la noticia de que el mismísimo Mohamed VI había estado ese mismo día en aquel pueblo inaugurando una sala de diálisis.

011Ali contó que pencaba once horas diarias los siete días sin vacaciones. Ganaba unos 240 € al mes y pagaba la mitad en alquiler. Andaba pensando en irse a trabajar a Reino Unido. Le alabé el gusto porque España estará pronto peor que Marruecos. Al fin y al cabo el marroquí medio es más rico que el españolito. Porque no tener nada es mucho más que deber 200.000 € al banco más intereses, por un piso que, o se ha perdido, o solo vale un tercio ya.

Ella no quiso ir a la universidad para dedicarse a sus hijos. Albergaba la esperanza de regresar cuando los niños sean adultos. Osea en diez años, porque la  madurez se alcanza en Marruecos a los quince. Su marido la ayudaba a recoger los platos. Le conté lo hablado con el hombre del ferry y me dijo que ya no se compraban las mujeres. Que no existe el repudio y sí el divorcio como en Europa. Y que pueden tener hasta cuatro esposas siempre que las cónyuges actuales den su consentimiento de la nueva.

023Dormí en el sofá. Al despertar desayunamos café olé, (café con leche para los cristianos) servidos con bollos recién horneados. También una pasta que se unta en aceite o mermelada. También olivas. La leche ya contenía el azucar. Me pieron que me quedara para el mediodía pero tenía que seguir mi camino. Me despedí de él con una sensación agridulce. No se como contar… Puede que abrirme sus puertas lo hiciera de corazón, o por simple hospitalidad árabe, o puede que para hacer negocio, o quizás para tener un contacto en Europa cuando emigre. 010El caso es que no me arrepiento.

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2 pensamientos en “Sahara: Crónica 3ª La casa de Ali.

  1. Anónimo

    Que suerte! Solo de esta manera puedes conocer un país, compartiendo la comida y lavabo con sus habitantes! Dan igual las condiciones, no quieras una aventura? Si quieres todo limpito y bonito, ve a un hotel de lujo! Te envidio aquella experiencia….
    Y tengo una curiosidad…. encontraras algo que te guste en aquel país? El desierto al menos sera bonito, no?
    Saludos y ten cuidado.
    I

    • ¡Muy buena tu pregunta! No he encontrado nada que me guste. Pero estoy seguro que volveré a encontrarlo. Gracias por comentar.
      Saludos

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